Un sí verdadero
En ocasiones, cumplir con nuestra palabra puede costarnos tiempo, dinero y esfuerzo
Por Felipe Güereña A.
Un sí «verdadero» es muy difícil de encontrar. Muchas personas prefieren decir un «sí» y quedar mal al incumplir, que decir un «no». «Profe, haré todo lo posible y hasta lo imposible», me decían algunos estudiantes cuando daba clases. Y no cumplían. Esto es tan común que uno duda de todos.
En el matrimonio, si no decimos la verdad, todo va de mal en peor. La confianza se destruye. La verdad está escondida. Los niños de un matrimonio así, aprenden que decir «sí» a algo no implica nada. Es como una palabra bonita que se usa mucho y no tiene ningún sentido. Incluso el «sí» ante el altar parece ser un juego de palabras que solo trae dolor para el otro.
Por otro lado, existen matrimonios de muchos años de casados que tienen mucho éxito. Su gran secreto: El «sí», quiere decir «sí». Se traduce en que sí se apartaron el uno para el otro como prometieron ante el altar.
Quiere decir que descansan en la promesa de estar juntos «hasta que la muerte los separe» y hacen lo necesario para mantener la relación.
En otros ámbitos, uno aprende que la fidelidad a Cristo no está en ser los más dotados, sino los más cumplidores y dedicados a la Palabra de Dios.
Nuestro mayor ejemplo es Cristo. Él nunca mintió y cumplió su Palabra al pie de la letra. Es imposible que Dios diga mentiras ya que Él es la Verdad. Cristo daba un mandamiento con palabras y con ejemplo.
En ocasiones, cumplir con nuestra palabra puede costarnos tiempo, dinero y esfuerzo. Pero aquella persona que lo hace recibe la aprobación de Dios. El escritor del Salmo 15 al preguntarse quién puede entrar a la presencia de Dios para adorarlo, da una lista de características entre las cuales están aquellos que mantienen su palabra aunque salgan perjudicados.
Advierte el sabio Salomón en su libro de Proverbios capítulo 25, versículo 14: «La persona que promete un regalo pero nunca lo da es como las nubes y el viento que no traen lluvia». Luego aconseja en Eclesiastés capítulo 5, versículo 5: «Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas».
Un «sí» con hechos es precioso y vale la pena.
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