Felipe el mesero
Un hombre de buena reputación
Por Ricardo Crespo
El libro de los Hechos nos narra la historia de grandes hombres de la fe que llevaron a cabo la misión que Jesús les encomendó: extender el Evangelio hasta los confines del mundo.
Sabemos de Pedro y Juan, quienes predicaron con valentía a pesar de la amenaza de ser encarcelados; de Esteban, el primer mártir de la iglesia; de Bernabé y Saulo, quienes establecieron la primera iglesia entre los gentiles en Antioquía y de la transformación de Saulo en Pablo, quien difundió el Evangelio por todo el mundo mediterráneo.
En medio del relato sobre los hechos de estos grandes personajes de la fe, Lucas inserta en el capítulo ocho la experiencia de una persona poco conocida: Felipe. Lo único que sabemos de él es que fue uno de los escogidos para ocuparse de las necesidades de las viudas de habla griega, quienes habían sido desatendidas en la distribución de los alimentos.
El contexto
Felipe fue uno de los siete hombres «de buena reputación, llenos del Espíritu y de sabiduría» (Hch. 6:3, NVI) encargados de servir a las mesas. Sin embargo, el más conocido de ellos fue Esteban. Lucas detalla el carácter de Esteban, su sabiduría al confrontar a los líderes religiosos con las Escrituras y su entereza para afrontar la muerte en nombre de Jesús.
Después de la muerte de Esteban, se desató una intensa persecución contra la iglesia en Jerusalén y todos los creyentes, excepto los apóstoles, fueron dispersados por Judea y Samaria. Como ejemplo de esta dispersión, Lucas incluye un breve relato sobre las experiencias de Felipe.
La historia de Felipe
Él llegó a una ciudad de Samaria, y aunque Lucas no especifica cuál, menciona que desde el primer momento comenzó a predicar.
Al escuchar a Felipe y presenciar las señales que realizaba sanando a endemoniados y paralíticos, la ciudad se llenó de alegría. ¡Hoy podríamos decir que hubo un avivamiento! Y no cualquiera, pues se trató de gentiles (personas que no pertenecen al pueblo de Dios) creyendo en las Buenas Nuevas y glorificando a Cristo.
La historia sigue y Lucas nos cuenta que un ángel del Señor le ordena a Felipe continuar hacia el sur en dirección a Gaza.
Felipe emprende el viaje y, de repente, se encuentra con un alto funcionario de Etiopía, quien regresaba de Jerusalén, donde había adorado a Dios. Entonces el Espíritu Santo manda a Felipe acercarse a su carruaje, pero no sólo se acerca, ¡sino que corre hacia él! y se da cuenta de que el etíope está leyendo el libro del profeta Isaías. Felipe entonces le pregunta si entiende lo que está leyendo, a lo que el etíope responde: «¿Cómo voy a entenderlo si nadie me lo explica?» (Hch. 8:31, NVI).
El pasaje que estaba leyendo era Isaías 53, donde se profetiza el sufrimiento y la gloria del Siervo de Dios. Entonces, Felipe comienza a anunciarle las Buenas Nuevas a partir de este pasaje.
De repente, llegaron a un lugar donde había agua, así que el etíope pidió ser bautizado. Al salir del agua, Lucas nos relata algo sorprendente: el Espíritu Santo arrebató a Felipe y el etíope jamás volvió a verlo.
Lo siguiente que sabemos de Felipe es que espontáneamente aparece en la ciudad de Azoto, a la orilla del mar Mediterráneo, en camino hacia el norte para llegar a Cesarea. No sólo eso, sino que de manera inmediata comenzó a predicar como si nada le hubiera sucedido.
No sabemos más de Felipe hasta el capítulo 21, cuando Lucas menciona de manera breve que Pablo se hospedó en su casa de camino a Jerusalén.
Lecciones que podemos aprender de la vida de Felipe
Este breve relato que Lucas comparte con nosotros contiene varios puntos sobresalientes que nos enseñan cómo el Espíritu Santo puede movilizar a una persona común.
1. Guiada por el Espíritu Santo, cualquier persona puede ser usada en gran manera.
Lucas elige a un personaje poco conocido, cuyo cargo era el equivalente a un mesero, para mostrarnos lo que puede surgir cuando el Espíritu Santo empodera a una persona.
El libro de los Hechos está repleto de historias de grandes personajes como Pedro, Juan y Esteban, y de relatos impactantes como los viajes misioneros de Pablo. Sin embargo, Lucas considera que las acciones del mesero Felipe también merecen reconocimiento.
2. La obra de Felipe estaba dirigida 100% por el Espíritu Santo.
Lucas también puntualiza que la obra de Felipe estaba dirigida por el Espíritu Santo. Es Él quien le ordena moverse sin tener un destino específico, detenerse en un pueblo no mencionado y comenzar a predicar.
El autor de Hechos implica que lo importante no era el nombre del pueblo, sino que Felipe se detuviera donde el Espíritu le indicara. Es el mismo Espíritu quien, de repente, lo coloca frente al etíope y le ordena acercarse para explicarle las Buenas Nuevas y luego lo arrebata de la presencia de aquel hombre trasladándolo al pueblo de Azoto.
Al compartir estas experiencias de Felipe, Lucas también nos transmite algunas lecciones que podemos aplicar en nuestra vida.
3. Debemos soltar nuestro deseo de control.
Nuestra tendencia humana es elaborar un plan y actuar de inmediato. Imagina salir sin saber a dónde vas, como lo hizo Felipe, o aparecer de repente en un lugar desconocido sin saber qué hacer.
Parece una idea imposible porque cuando no sabemos el plan nos sentimos inquietos y vulnerables cuando el control se nos escapa de las manos.
Sin embargo, observemos a Felipe, quien simplemente dirigido por el Espíritu, actuó con confianza. Sin saber dónde ni por qué, la expresión «no puedo» jamás formó parte de su vocabulario.
De la misma manera, nosotros debemos estar dispuestos a ceder el control a Dios y abrirnos a lo inesperado. Esto implica dar pasos de fe, aun si no vemos el camino con claridad. Seamos como Felipe, quien «saltando» de lugar en lugar, siempre estuvo dispuesto y lleno de fe para seguir la dirección del Espíritu.
4. Para ser guiados por el Espíritu Santo debemos aprender a esperar y a escuchar su dirección.
Esperar la dirección del Espíritu Santo implica, en parte, permanecer quietos y abiertos a la presencia de Dios, dedicando tiempo en silencio para escuchar su voz sin una agenda previa.
Sin embargo, nos resulta difícil esperar en silencio; es una disciplina que sólo se adquiere con la práctica. No obstante, es necesaria para distinguir entre la voz de nuestros deseos y temores, y la voz de Dios.
En la historia que Lucas nos relata, podemos ver que Felipe no se deja llevar por su propia voluntad o agenda; no es arrebatado, al contrario, sabe esperar y guardar silencio para ser sensible a la voz del Espíritu, para entonces obedecerlo.
5. Felipe rompió barreras culturales en obediencia al Espíritu Santo
Felipe fue el primero en romper la barrera cultural al llevar el Evangelio a las personas más odiadas por los judios: los samaritanos. Antes que a Pedro o Pablo, el Espíritu Santo decidió utilizar a un mesero para destacar por primera vez un punto clave: el Evangelio es para todos, no sólo para los judíos.
Además, Felipe también fue el primero en predicarle a un gentil: el etíope. Su actuar nos muestra que es necesario que desechemos nuestras estructuras y que empecemos a interesarnos y amar a los que son repudiados.
En nuestra cultura, ¿quiénes son los más odiados?, ¿a qué nos llama el Espíritu Santo? Como Felipe, debemos tener una mente abierta, que se despoja de sus prejuicios y que está dispuesta a hacer lo odiado.
6. Debemos estar preparados con la Palabra de Dios para dar una respuesta en el momento oportuno.
Felipe es puesto por el Espíritu frente al etíope para explicar el significado de un pasaje bíblico; y lo hizo con perfecta claridad. La pregunta es si nosotros somos tan diestros como Felipe para explicar e interpretar la Biblia correctamente a cualquiera que lo necesite.
Estar presto requiere profundizar en la Biblia por nuestra cuenta y permanecer atentos a las preguntas que surgen en nuestro entorno. Una vez más Felipe nos enseña: no debemos ignorar las dudas y preguntas que tienen los demás sobre Jesús y el Evangelio.
Nuestro compromiso no sólo se basa en estar dispuestos a ser guiados por el Espíritu, sino también en prepararnos para hablar de él a dónde y con quien quiera que nos lleve.
Conclusión
El libro de los Hechos narra múltiples historias de grandes hombres e impactantes acontecimientos, pero al mismo tiempo nos muestra que el Espíritu Santo puede y quiere obrar en gente que no siempre está al frente. Lo único que se requiere es estar atento a su dirección, dispuesto a enfrentar situaciones inesperadas con una actitud obediente sin resistir la voluntad de Dios.
Seamos como Felipe, quien no sabía de antemano el qué, cuándo, dónde ni por qué, pero siempre estuvo disponible a la guía e instrucción del Espíritu Santo.
Esta situación es latente en cualquier esquina y nosotros somos llamados a combatir las tinieblas