Cómo ejercitar mi espíritu. Parte 4

Foto por Diana Gómez

Meditación

Por Said R. Sabag 

Una pregunta que con frecuencia nos hacemos los hombres es: ¿Cómo prosperar en todo lo que hacemos? 

Aunque muchas veces no nos gusta esta posición, tenemos la responsabilidad del liderazgo del hogar. Esto implica que debemos esforzarnos constantemente para fortalecer el matrimonio, lograr que haya estabilidad económica, crecimiento espiritual, salud, buenas relaciones y un ambiente sano dentro de la familia. Además, en el ámbito laboral y profesional, debemos procurar avanzar y crecer en el área donde estamos trabajando. 

No importa si se trata del ámbito familiar, laboral, profesional o financiero, siempre que emprendemos algo, queremos tener la certeza de que habrá éxito. Por desgracia, la mayoría de las veces no la obtenemos como o cuando la queremos. 

Aunque no existe una fórmula sencilla que nos garantice el éxito, el libro de los Salmos, dice en el capítulo 1, versículos del 1 al 3, lo que debemos practicar para que todo lo que hagamos prospere: «meditar en su Palabra (refiriéndose a la Biblia) de día y de noche». No dice que leamos su Palabra, dice que la meditemos, lo que implica pensar atenta y detenidamente sobre lo que leímos. 

La tercera herramienta de la disciplina cristiana Lectio Divina es la meditación. El objetivo es escuchar al Señor por medio de su Palabra. Es un proceso donde abrimos nuestro corazón y mente para recibir la revelación de Dios. 

La palabra meditar proviene del latín meditare que significa pensar, contemplar y reflexionar, por lo que es necesario estar a solas y alejados de cualquier distracción. Es un momento exclusivo para nosotros y es esencial que no estén cerca los dispositivos electrónicos que invariablemente llamarán nuestra atención. No debe haber prisa. Se debe apartar tiempo de manera específica para meditar. 

Una vez relajados y en tranquilidad, se lee un pasaje corto de la Biblia. De preferencia se debe leer dos o tres veces, o las que sean necesarias para entender plenamente el contenido. 

Debemos hacer pausas y preguntas que nos ayuden a asimilar lo que Dios nos está diciendo de manera directa a través de esos versículos. ¿Cuáles son las palabras importantes? ¿Qué significan? ¿Qué nos enseñan sobre Dios? ¿Sobre sus obras? ¿Qué relevancia tienen para mi vida?

En una sociedad en la cual estamos acostumbrados a obtener todo de manera inmediata, es muy difícil aislarse aun por pocos minutos para dedicarnos a la meditación. Pero es seguro que si apartamos el tiempo para estar quietos, leer, preguntarnos, meditar y escuchar del pasaje bíblico, Dios nos hablará a través de su Palabra. 

Es mucho más fácil leer o escuchar la Biblia. Podemos hacerlo todos los días de manera sistemática y programada, con el objetivo de terminarla en un año. Sin embargo, pensar atenta y detenidamente sobre lo que acabamos de leer implica un esfuerzo adicional con el cual tenemos que ser intencionales. 

Agustín de Hipona decía: «hay tanto ruido en la ciudad, que no puedo escuchar la voz de Dios». Y el monje se apartaba al desierto para orar, meditar en la Biblia y revisar su vida, emulando al Maestro Jesucristo. 

Meditar en la Palabra de Dios nos ayuda a examinarnos, a evaluar lo que estamos haciendo bien y lo que estamos haciendo mal, para tomar acciones de cambio necesario y vivir de manera que honre a Dios. 

Así que, si nos encontramos sumergidos en proyectos familiares o profesionales, y estamos totalmente comprometidos para lograrlos con éxito, el paso más importante es hacer una pausa y meditar en lo que Dios nos dice en su Palabra, dispuestos a escuchar y obedecer. Por difícil que sea apartar este tiempo, si lo hacemos, Dios promete prosperar nuestro camino.


Tal vez también te interese leer:

Anterior
Anterior

Cristianos bonsái

Siguiente
Siguiente

La vida sexual en el matrimonio