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11/15/2019

Me quedé sin trabajo, ¿y ahora qué hago?

Los primeros días son los más complicados, parece que será difícil recuperar lo que antes tenías

Por Abel García Villagrán

Por once años trabajé en el departamento de Recursos Humanos de una compañía transnacional. Disfrutaba mucho mi trabajo. Con el paso de los años, me volví experto en contratar y despedir gente. 

Todo lo tenía bien planeado y calculado, sabía a qué hora llegaría el trabajador, cómo preparar los cheques y recoger sus cosas de su escritorio o casillero. Pero sobre todo podía lograr que saliera sin quejarse de su liquidación y que firmara todos los documentos sin ninguna demanda o queja ante la Secretaría del Trabajo.

Lo que no estaba en mi plan, era que un buen día, me tocara la liquidación a mí. La primera sensación que tu cuerpo percibe al quedarte sin trabajo es de vacío. Ni siquiera sabes si es en el corazón, en el estómago o en la mente, pero en esos momentos te sientes abandonado, sin esperanza y con la preocupación de qué vas a decir cuando regreses a casa. 

No conozco a nadie que diga que ha sido fácil pasar por esta situación y con más razón cuando tienes compromisos económicos en puerta y no tienes la certeza de cómo los vas a poder afrontar.

Pero todos los que hemos pasado por esa situación sabemos que no es el fin, Dios nos dice en Jeremías 29:11: “Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza”.

Los primeros días son los más complicados, parece que será difícil recuperar lo que antes tenías. Es más, la primera que se extraña de tenerte en casa todo el día es tu esposa. 

Después de una semana ya te empiezas a desesperar. Te aburres con los programas de la televisión.  Comienzas a ahorrar en cosas que antes no tenían tu atención como: apagar las luces de la casa, no desperdiciar el agua, acabarse toda la comida del refrigerador y hacer tú mismo el lunch para tus hijos argumentando que será más nutritivo y para no gastar de más.

Debes orar para poner tu situación en manos de Dios. Recuerda la promesa que Dios le hizo a Josué cuando le dijo: “¡Sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni te desanimes, porque el Señor tu Dios está contigo dondequiera que vayas” (Josué 1:9, NTV).

Te recomiendo algunas cosas que puedes  hacer para obtener un nuevo trabajo cuanto antes:

  1. Tu trabajo ahora es encontrar trabajo, así que dedica ocho horas al día para ese propósito, como si salieras a trabajar. No te quedes en casa, sal a la calle, busca en las empresas, ve a las bolsas de trabajo, busca en internet, platica con amigos que trabajen y que te puedan ofrecer alguna oportunidad.
  1. Prepara o actualiza tu Currículum Vitae. Tómate una buena foto, dedica tiempo a su elaboración (existen varios formatos en distintas páginas de internet). Recuerda que esta es tu carta de presentación. Si es posible, prepara varias versiones, dependiendo del trabajo al que estés aplicando.
  1. Véndete de la mejor manera en la entrevista e investiga acerca de la empresa a la que vas (clientes, ubicaciones, ventas, productos). Ensaya en casa lo que vas a decir. Quizá frente al espejo, tu esposa o alguien de confianza. Piensa en todas las cosas que te pudieran preguntar y las posibles respuestas.
  1. Si tiene mucho que no repasas tu inglés, entra a clases de conversación, todas las escuelas de idiomas las ofrecen. Al llegar a tu entrevista, tendrás un idioma más fluido.  Durante las lecciones, puedes aclarar dudas de ciertas palabras que ignoras.
  1. Cuida tus redes sociales. A muchos reclutadores les gusta revisar los perfiles para ver si lo que estás ofreciendo concuerda con la vida que muestras a tus amigos.
  1. No firmes un contrato solo por desesperación. Evalúa junto con tu familia todas las opciones. Sobre todo si son empleos que implican mucho tiempo de traslado o viajes frecuentes que conllevan descuidar a los tuyos.
  1. Ten una carpeta en donde almacenes información de cada entrevista, nombres de los reclutadores, correos, fechas, etcétera. Con estos datos, podrás darles el seguimiento apropiado. 
  1. Ora cada mañana e involucra a los miembros de tu familia. Pide a Dios por las empresas y personas a las que verás, pero sobre todo que se haga su voluntad en tu vida.

Estoy seguro que Dios te ayudará y cumplirá su promesa. Después de algún tiempo, Dios te abrirá puertas y conseguirás un nuevo trabajo o abrirás aquel negocio que siempre habías soñado iniciar cuando tuvieras tiempo. 

No te desesperes, sé disciplinado, sé fuerte, sé valiente y recuerda la promesa de Dios: “Feliz tú, que honras al Señor y le eres obediente. Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y te irá bien” (Salmo 128:1-2 DHH).

Foto por Cynthia Ramírez

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